Hace días que no dejo de pensar en cómo la distancia, que antes parecía manejable, se ha convertido en un vacío que no logro llenar. No es solo la distancia física lo que duele, es la emocional. Es saber que está pasando por algo difícil, por algo que no entiendo, y que al mismo tiempo, se aleja más y más. Quiero ser su refugio, pero ¿cómo lo soy cuando ni yo misma encuentro el mío?
Hay días en los que la ansiedad me come. Siento esa presión constante en el pecho, el nudo en el estómago. Me encuentro mirando el teléfono una y otra vez, esperando un mensaje, esperando que me diga algo, que me diga que todo está bien. Pero, en esos momentos, lo único que me responde es el silencio. Un silencio que no sé cómo interpretar, porque cuando calla, siento que la distancia se hace aún más grande.
A veces me pregunto si soy demasiado demandante. Si al necesitar más, al querer saber cómo está, estoy invadiendo su espacio, cuando lo único que él necesita es estar solo con sus pensamientos. Pero es difícil. Es difícil no saber, no entender, no poder hacer nada. Es difícil ver cómo alguien que amo se hunde en sus pensamientos oscuros mientras yo solo quiero abrazarlo y decirle que todo va a estar bien.
Me siento impotente. Quiero ayudar, pero me siento como si no pudiera llegar hasta él. Como si las palabras que intento ofrecerle, los gestos que intento hacer, se pierdan en el aire.
A veces me digo que debería dejarlo ser, que cada uno tiene su manera de lidiar con el dolor, pero al mismo tiempo, me siento como si me estuviera desconectando de él, como si poco a poco se estuviera desvaneciendo, sin que yo pudiera evitarlo.
La ansiedad no me deja ver las cosas claras. Un día siento que todo va a estar bien, que vamos a superar esto juntos. Al día siguiente, siento que todo se me escapa de las manos.
La distancia, la falta de respuestas, me hace pensar que tal vez lo que siento no es suficiente. Y entonces, esa vocecita, que nunca se calla, me recuerda mis inseguridades, mis miedos. ¿Es esto lo que quiero? ¿Estoy haciendo todo lo posible por él? ¿Por mí?
Pero al final, en medio de todo el caos mental, me acuerdo de algo: él me ama, y yo lo amo. Y aunque no siempre lo diga, sé que todo esto pasará. Sé que vamos a estar juntos, que todo va a volver a ser como antes. Todos los días sueño con el día en que nos abracemos y no nos soltemos más. Ese día en que la distancia, finalmente, ya no será un obstáculo, y lo que hemos estado construyendo, aún en los momentos más difíciles, se volverá más fuerte que nunca.
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